¿Cómo impacta la posible extradición de Assange en la democracia y la justicia?

El 7 de septiembre comenzó el juicio del fundador de WiliLeaks, Julian Assange, ante la Corte Penal Central de Old Bailey, en Londres. El tribunal decidirá sobre el pedido de extradición formulado por Estados Unidos de América.

Acaso se conceda la solicitud, Julian Assange será extraditado y enfrentará los 18 puntos de acusaciones basadas en el Acta de Espionaje de 1917, ante la Eastern Court de Virginia. En caso de que el pedido sea negado por la justicia del Reino Unido, aún no está claro si Assange podrá vivir libremente en el mismo Reino Unido, si podrá retornar a su tierra natal, Australia, o cómo y en qué condiciones y circunstancias podrá gozar de su libertad de ir y venir en Europa o fuera de Europa. Todas son cuestiones que el juicio podrá aclarar.

¿Por qué motivos un juicio desencadena tanta polémica y condujo a la mayor potencia del planeta a insistir en la extradición de un periodista? ¿Cuál es el impacto de un resultado que eventualmente decida por la extradición? No hay como explicar todo en corto espacio. Mas allá de los periódicos de todo el mundo, que deben ser leídos, claro, hay además el sitio en internet con explicaciones proporcionadas por los defensores de Assange.

Ante la barrera de la complejidad, procuraré analizar el caso a partir de su repercusión sobre los ejes del Derecho Internacional, relativos a la libertad de manifestación de pensamiento y a la publicidad de los actos de gobierno.

Desde la publicación de “Paz Perpetua”, en 1795, Immanuel Kant afirmó que el secreto es incompatible con la democracia. Así, todos los actos de los gobiernos con relación a los hombres que no sean públicos, serán injustos. La publicidad es la luz del sol contra el secreto, contra la trama urdida lejos del debate de la esfera pública. Surge de ese acúmulo histórico la directriz constitucional, incorporada por la Constitución Federal brasileña, que garantiza el sigilo profesional de la fuente.

Aunque se trate de información confidencial, la responsabilidad por la confidencialidad es del Estado. Si este no fue capaz de garantizarla en los límites legales, no se puede responsabilizar a un periodista que recibió tal información.

Se puede acusar a otros responsables, siempre en el ámbito del debido proceso legal y de la amplia defensa. Esto es lo que distingue el nivel civilizatorio de la democracia: el proceso democrático. Este en nada se confunde con los conocidos juicios sumarios o especiales, donde el acusado enfrenta un juicio sabiendo que no tendrá como vencer, como el conocido caso Dreyfus, en Francia que se extendió de 1894 a 1906.

Assange ejerció sus atribuciones profesionales y divulgó crímenes cometidos por gobiernos. Reveló al mundo lo que ya se sabía, pero no se disponía de pruebas: el horror humano de las guerras de la actualidad protagonizadas por los Estados Unidos y sus aliados. Reveló la fragilidad de la retórica heráldica de los valores liberales democráticos occidentales.

Debido a tales revelaciones, Assange y WikiLeaks hicieron saber de lo que son capaces gobiernos que se reivindican democráticos, y como actúan cuando son acusados de violaciones contra las libertades de prensa y de manifestación de pensamiento que tanto defienden.

La misma defensa de los valores liberales democráticos será alcanzada con la aceptación de la extradición, ahora en una perspectiva más grave: estará abierto el precedente de la aplicación extraterritorial de las leyes de un país en otra nación. Ahora, contra periodistas.

Si un periodista extranjero publica en Brasil información considerada ofensiva a la reputación de un tercer gobierno, la extradición de Assange permitirá a este tercer gobierno encontrar el fundamento jurisprudencial para que el periodista sea extraditado al país del gobierno “ofendido”, y que sea “juzgado” allá. Lo mismo se aplica a un corresponsal brasileño en el exterior que publique “ofensas” contra el gobierno de otro país: podrá ser extraditado del lugar donde está, a requerimiento del gobierno “ofendido”.

El precedente estará formado en el ámbito de las relaciones internacionales. Incluso los medios de comunicación mainstream mundial reconocen que el trabajo de Assange y de WikiLeaks “¡es la misma cosa que hacen todos los días!”

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Estamos obligados a constatar que una parte del destino de la democracia transnacional está en manos de la Corte Criminal Central de Old Bailey. Si el resultado fuera favorable a Assange, no queda duda de que ganaron las libertades democráticas, en disputa desde el fin de la II Guerra Mundial.

Por otro lado, el calvario al que Assange fue sometido de 2012 hasta la actualidad, con todos los sus detalles de sufrimiento físico y psicológico (así atestiguados por especialistas de las Naciones Unidas), nos advierten de que aún estamos lejos del reconocimiento y efectividad de esas mismas libertades democráticas en los niveles nacional e internacional.

Basta que se vea el ejemplo reciente de Brasil, donde nada menos que el presidente de la República amenazó con partirle la cara a un periodista que ejerció su oficio de preguntar a quien debe satisfacciones al pueblo. La abierta amenaza de agresión quedó por eso mismo, en el país donde “las instituciones funcionan normalmente”. Que no sea ese el destino de Assange.

*Martonio Mont’Alverne Barreto Lima es Profesor Titular de la Universidad de Fortaleza y Fiscal del Municipio de Fortaleza. Jurista miembro de la Asociación Brasilera de Juristas por la Democracia